|
¿Sabes que tenemos una página con las citas más sonadas de Internet? Ocurrencias graciosas, anécdotas... ¡Visita HOIGAN!, y comparte con nosotros las tuyas! |
Mocito Feliz
De La Frikipedia, la enciclopedia '''extremadamente''' seria.
| ATENCIÓN Este artículo es un truño, es sólo un esbozo de un artículo o es demasiado corto o el que lo ha escrito se cree que esto es un vil diccionario. Su autor puede estar bajo los efectos del alcohol o ser un inútil. Quizá haya pistas en la discusión. ¡Mejora la Frikipedia ampliando y mejorando el artículo! |
Mocito feliz, es un humano feliz mu majo que se cuela en los planos de television vendiendo periodicos rojifachas anarkistas-rajoistas acaparando y chupando un calipo de truño creado por Diox. De nombre real Enrique Jiménez, nació en Málaga a temprana edad, lo que pasó a remediar con el paso del tiempo. Este personaje, cuyo rostro barbado ya se ha visto en alguna pintada realizada con plantilla en su ciudad natal, es el único ser humano capaz de cantar 20 canciones en un minuto y pico. Entre su repertorio se encuentra "Almería" en cuya interpretación pone el mayor empeño, "Un globo, dos globos, tres globos", "El caballo camina pa`lante" y otros hitos de la lírica universal.
Este "personaje" sea verano o invierno va siempre con la misma ropa con un extra que es un periódico el cual según se rumorea nació con él pegado en el pecho. Pero esto es sólo leyenda. El periódico que pasea con orgullo (y sin prejuicio) se llama "El colectivo", y en la contraportada reproduce una bonita entrevista, ornada con una foto del menda. Su atuendo varía dependiendo la ocasión, que va desde el grunge cotidiano en su versión semi-hedionda a la chilaba moruna con aderezo de armiño sintético al cuello (cortesía de un disgraz de rey mago) y corona de cartón proveniente de cumpleaños infantil de hamburguesería, aunque también opta por un frac falso en ocasiones solemnes. O un traje fetén con el que comparece en entierros.
Últimamente su fama va en aumento debido a que alli donde haya una cámara de televisión acude. Se desconoce de donde saca el dinero para viajar a los distintos sitios a los que acude para salir en televisión, pero se rumorea que lo consigue donando su cuerpo a la ciencia para estudiarlo.
En las distancias cortas, es un tipo cordial y locuaz. Un cacho de pan. O sea.
Obra literaria (de tradición oral, hummm)
Si alguna (¿alguna?) virtud (¿¿virtud??) tiene nuestro hombre es la de improvisar inspiradas composiciones literarias de elevado estro (mira el diccionario de la Academia; no, el de la de mecanografía no, que se enreda con lo de asdfg asdfg asdfg hjklñ hjklñ, tal como se atestigua en sus famosas variaciones del diector, referidas siempre al que tal cargo ocupe en el magacín cachondillo que al socaire de la ausencia de otros contenidos benévolo lo acoja en su seno (o coseno) para solaz de la plebe. Ahí van, ocioso y curioso lector:
Viva el señor director,
que a las cuatro de la mañana
se come un kilo de turrón.
Viva el señor director,
que a las dos de la mañana
se come un kilo de turrón.
Viva el señor director,
que a las cuatro de la mañana
se come un kilo de limón.
Viva el señor director,
que a las cinco de la mañana
se come un kilo de turrón.
Viva el señor director,
que a las dos de la mañana
se come un kilo de limón.
Viva el señor director,
que a las cuatro de la mañana
se come un volante de camión.
Viva el señor director,
que a la una de la mañana
se come una rodaja de esturión.
Viva el señor director,
que a la una de la mañana
se acuerda de Gijón.
Viva el señor director,
que a las dos y cuarto de la mañana
se lame ansioso un cojón.
Como se comprueba, estas estrofas cargadas de ritmos yámbicos y resonancias homéricas resultan hipnóticas (dicho todo al modo esdrújulo), alcanzando capacidades de mantras. Que la mayor parte de las veces estos ripios minimalistas se refieran a las horas en que sólo los lupanares albergan actividades de cierto interés y que el verbo asociado a las actividades del venturoso director denote la ingestión de elementos sólidos nos permiten vislumbrar un mundo y una psique que es mejor no imaginar.
Para saber más (y peor):
El Mocito Feliz diseccionado (o puede que glosado, que no llega la sangre al canal de desagüe) en un periódico de la ex potencia ocupante, Sevilla[1]


