Cruzadas

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De la serie conflictos armados:
Cruzadas
Recepcion sarracena.jpg
"No me la liéis, quillos"
Lugar y fecha Tierra Santa, 1095 - 1265
Bandos Buenos Malos
Fuerzas Normandia.svg Normandos
Inglaterra.png Ingleses piojosos
Francia.png Franceses pedantes
Bandera ONU.png Cascos azules de la ONU
Bandera Sacro Imperio.png Germanos
Escudoitalia.gif Venecianos malos
Mahoma.jpg Moros
Turquia.png Turcos selyúcidas
Bandera gay.jpg Persas "Machotes"
Comandantes Normandia.svg Bohemundo de Tarento
Inglaterra.png Ricardo Corazón de León
Francia.png Godofredo de Boullion
Francia.png Luis VII
Francia.png Luis IX
Bandera ONU.png Pedro el Ermitaño
Bandera Sacro Imperio.png Federico Barbarroja

Bandera Sacro Imperio.png Federico II
Escudoitalia.gif Berlusconi Dandolo "Capone"
Mahoma.jpg Saladino
Turquia.png Kerbogha (a) "Chewbacca"
Bandera gay.jpg Jerjes-Hussein Laden
Armas Normandia.svg Manteca y sidra propulsadas por trabuquetes
Inglaterra.png Submarinos nucleares con sosos a bordo
Francia.png Santos maricas
Bandera ONU.png Gañanes peligrosamente armados
Bandera Sacro Imperio.png El Deutsches Afrika Korps
Escudoitalia.gif Navajas para atracar bizantinos
Mahoma.jpg Asesinos de dibujantes con simpáticos cinturones
Turquia.png Mamelucos con "Pilot's" sin birola
Bandera gay.jpg Mandoble en mano
Bajas Normandia.svg
muertos: 1.000.000
heridos: 6
prisioneros: El pringao de turno
Inglaterra.png muertos: 0
heridos: 5
borrachos: 89.000.009
Francia.png muertos: 60
heridos: 1.335
uñas rotas: 231.922.666
Bandera ONU.png muertos: todos ellos
heridos: ninguno
vivos para contarlo: Ah, claro: Pedrito, el jefe
Bandera Sacro Imperio.png muertos: 45.000
heridos: 30.000
con acento imponente: 82.000.000
Escudoitalia.gif muertos: alguno por ahí
heridos: tres a lo sumo
forrados: todos
Mahoma.jpg
muertos: 666
heridos: 777
inmolados: A millones
Turquia.png
muertos: 230
heridos: 40
deshidratados o con lipotimia: Los demás cientos de miles
Bandera gay.jpg
muertos: 0
heridos: 1
Jodidos de sífilis: ¿dónde está la tecla del infinito?
Resultado Owned cristiano

Las Cruzadas fueron el pasatiempo favorito de reyes, nobles, caballeros, aldeanos y niños (no, las mujeres no podían participar) desde finales del siglo XI hasta pasada la mitad del siglo XIII (vamos unos doscientos años). Este divertimiento para toda la familia tenía como objetivo reconquistar Los Santos Lugares; quien los conquistaba, ganaba el juego y, por lo tanto, la gloria eterna, el oro que cagó el moro (nunca mejor dicho) y las chatis del harén de la ciudad conquistada. La mujer del cruzado ganaba una cornamenta digna del más machote de los renos de Papá Nöel de todos los Santos.

Todo hay que decirlo: fue una idea de buen rollito. Mestizaje de culturas, unión de los pueblos, tolerancia... vamos, que sorprende que Manu Chao no lo haya sacado punta al tema. Los que sí se han puesto las botas con el asunto son esos señores mayores que les tocó el carnet de historiador bajo la tapa de un envase de Nocilla, que con sus tochos infumables acabaran causando la deforestación del planeta y la desecación de ríos de tinta y demás cosas que dice el Jarl Gore.

Antecedentes

Del año 1000 al 1099 después de Cristo (más o menos), Europa es el lugar más propicio para tener un hijo y España la octava potencia mundial. En esta época de la Edad Media no todo es champán y rosas, ya que el Imperio Bizantino, último reducto cristiano "made in Roma" en Oriente Próximo, estaba siendo gravemente puteado por los nuevos malotes de la peli: los turcos selyúcidas. Estos, con sus Harleys, chupas de cuero y cadenas, iban atormentando a la cristiandad sólo por el hecho de pertenecer a una religión que no permite beber alcohol llamada "Islam".

Destacamento selyúcida en Manzikert Z.

Hartos los bizantinos de las ofensas de las hordas turcas al mando del temible general orco Belén Esteban, se arman dispuestos a combatirles. Así pues, el emperador de Bizancio llamado Romano Diógenes (no, el del barril no) armó a su guardia imperial y se fue a combatir a esos proto-comunistas islámicos. Su guardia imperial estaba compuesta por los catafractas, unos socios de una peña futbolística embutidos en un traje cubierto de Rolex de oro falsos hasta la cabeza, tapando en algunos caso los ojos, por lo que el triunfo en combate era más bien nulo. Pese al poder cegador de sus armaduras, los bizantinos fueron derrotados en 1071 en la batalla de Manzikert Z (¡turcos fuera!).

Como Diógenes fue capturado por los moros (tiempo después le echarían a la puta calle por dar pena) subió al trono bizantino Alejo Comneno, el cual puso los cojones sobre la mesa. Éste le comunicó al papa Urbano II que le habían llamado mariquita. Urbi, todo cabreado por la ofensa de los turcos, en su "Europe Concilious Tour 1095" hizo declaraciones alarmantes aceca del tema, culminando en la ciudad francesa de Clermont, donde hizo un llamamiento a la Cruzada contra el bábaro mahometano (el cual culminaría con un grandioso solo de guitarra) que conmocionó a todos. Al grito de "¡Dios me quiere!" (claro ejemplo de la intrínseca homosexualidad francesa) empezaron a hacer planes: la Cruzada estaba a punto de comenzar.

Bandos

Cruzados

El ejército cristiano estaba compuesto por los cruzados, que era desde el gilipollas del pueblo que se follaba a una manguera hasta el más culto rey de algún puebl odel norte. Pero claro, sólo se parecían en el nombre, luego uno dormía en el suelo y el otro se quedaba con el harén del visir. Pero en el lado cristiano no sólo tenían lugar los simples cruzados; había más, a saber:

  • Templarios: Los, sin duda, archiconocidos Guerreros del Grial también participaron el las Santas Cruzadas. Iban acompañados en todo momento de Dan Brown y Ken Tefollen, los cuales iban tomanto apuntes en libretas con el nombre "con esto nos forramos". Iban ataviados de blanco con cruces rojas y con billetes de 500 euros estampados en la túnica.
    Caballeros teutones mirando con desprecio a los árabes de Saladino.
    Con el fin de las cruzadas, la Orden del Temple disfrutó de una próspera jubilación el las Islas Caimán hasta que Felipe IV, gran ciclista del Tour de France, se dio cuenta que su fortuna era mucho menor que la de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo.
  • Teutónicos: Estos eran caballeros procedentes de las Germanias creados en San Juan de Acre durante una partida de Risk como tropas de apoyo, los teutones eran más bien barrigudos y soeces. Su mayor arma era el "eructo Pilsen Bier". Con el fin de las cruzadas, se vieron obligados a salir por patas con varias docenas de flechas sarracenas en la espalda hacia Europa.
  • Hospitalarios: la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén fue creada por Balduino I, rey de Jerusalén del que más adelante hablaremos, con la misión de guiar a las visitas turísticas de guiris por toda la Ciudad Santa por la mañana y currar de camilleros por la tarde. Pero por la noche se vestían de negro y se dedicaban a combatir a los moros malotes. Más tarde convirtieron una vivienda de 35 metros cuadrados en un impresionante castillo con muros de cartón llamado Krak de los Caballeros, con ese peculiar nombre debido a ser el crack la droga más consumida por estos cruzados.
  • Cascos Azules: Así eran conocidos los soldados de Pedro el Ermitaño, un cura loco que se había escapado de la cueva donde le tenía encerrado el rey de Francia Felipe I. Después de ver en el Youtube tantas veces el vídeo del llamamiento a la cruzada del papa Urbano, Pedro se flipó en demasía, llegando a robar los uniformes de los cuerpos especiales de la ONU para equipar a su ejército, un cúmulo de paletos recogidos de aldeas como Mieres, Vallecas y algunos pueblos del este de Francia. Ya contaremos más adelante las andanzas de estos mangurrianes en Tierra Santa.

Moros

A los moros les tocó la parte menos divertida, ser invadidos. Pero claro, ellos habían atacado a los cristianos de la zona, así que eso era lo que les tocaba. Como no, tenían que joder a los cristianos en su travesía por los Santos Lugares, y para ello necesitaban tropas, entre las que reconocemos:

  • Extremistas islámicos: Estos eran los que cuidaban el harén del sultán de turno, además de dedicarse a ensartar con sus lanzas a un normando gordaco, por ejemplo. En vista de lo difícil que es luchar con espadas (cimitarras, alfanjes, o la mierda que utilizasen estos comunistas-masones) le robaron la dinamita a Alfred Nobel viajando alante en el tiempo. Con los petardos atados a la cintura a modo de cinturon ochentero empezaron a volarse delante de las murallas de ciudades como Jerusalén o Leganés.
  • Islámicos "buenos": Según la película de Ridley Scottex "El Reino de los Cielos", todos los moracos (¡les llaman árabes, no te lo pierdas!) eran educados y cordiales.
    Los persas no conocían las propiedades curativas de la fibra.
    Nosotros te vamos a decir la verdad: el 0.09% de los moros de las cruzadas fueron en realidad honrados muslimes. Esa escasa cifra de bondadosos musulmanes se escondían tras su capa de buen rollito para activar células durmientes en España durante la Reconquista, que lo sepas.
  • Persas: Los persas eran unos seres con una destacada homosexualidad perversa. Les gustaba el cuero y las máscaras, por lo que la guardia del Sah de Persia, el caudillo "suprema" Jerjes-Hussein estaba compuesta por los inmortales, que se morían, pero tenían dicho nombre para asustar al enemigo. Al ser las tropas tan "divinasss" tenían que pasar unas pruebas que ni los spetsnaz. Pero la más dura era el alargamiento de rabo, llevado a cabo con un torno y cuerdas. Al llegar al metro y medio como tamaño mínimo de su "mandao", combatían al enemigo al modo griego (vamos, por detrás).
  • Arqueros turcos montados: Iban en sus Harley Davison (o su variante japonesa o incluso algún quad cani) lanzando flechas venenosas con sus arcos del "todo a cien". Se encargaban de joderles el viajecito a Tierra Santa de las tropas cruzadas disparándoles en la espalda y quemándoles los barriles de hagua para que se murieran de sed.

Primera Cruzada

Los gañanes de Pedro manteniendo una discusión sobre piensos para gallinas.

Alejo, el emperador bizantino, estaba esperando a unas tropas especiales, como si se tratase de un escuadrón de Delta Force o de los GEOS. Se llevó un pequeño susto al ver que la soldadesca que estaba esperando se trataba de un conjunto de sencillos pueblerinos equipados con ropa de los "cuerpos de paz" de la ONU seguidores de Pedro el Ermitaño, un francés loco que ansiaba conquista Jerusalén donde, según sus alucinógenas visiones, las fuentes manaban Fairy e imitar a Chiquito estaba penado con la muerte.

Hasta llegar a Constantinopla, los hombres del Ermitaño habían organizado veintitrés encierros de toros, los cuales habían provocado la destrucción de toda Bulgaria y parte de Hungría. Pese a que Alejo les había reñido y castigado a copiar mil veces "no saquearé más ciudades" el ejército de gañanes se alzó a la conquista de Nicea, de la cual habían oído maravillas como que ahí existían campings nudistas. Siguiendo una autopista llegaron a avistar Nicea, pero antes de tocar en la puerta de la ciudad fueron tremendamente desvirgados por los persas con su táctica "enculamiento mazdeísta". Sólo Pedro, el jefe, vivió para contarlo, pero no pudo volver a sentarse en el resto de sus días.

Pedro se quedó esperando en Constantinopla, convirtiéndose durante la espera en tres veces campeón de ping-pong. Luego llegaron Godofredo de Boullion, Balduino, Bohemundo de Tarento (eso es tener unos padres cabrones) y Raimundo de Tolosa. Todos iban camino a Tierra Santa para liberarla de manos musulmanas; todos excepto Bohemundo, que lo único que quería hacer era joder la marrana un rato en Bizancio. Como Alejo no se fiaba ni de uno solo tras lo ocurrido con los cascos azules, les hizo jurar a todos que, por la gloria de Jesucristo Superstar, todas las tierras conquistadas serían para él mismo.

"Mira, ese es el puticlub de Jerusalén del que me han hablado."

En su travesía por estas tierras, los cruzados profesionales empezaron a vencer a los moteros turcos con una facilidad abrumadora, llegando al punto que los mismísimos caballeros francos (francos de Francia, no de Paquito I) llegaron a hacer apuestas como, por ejemplo, tumbar a diez moros a golpe de garbirote.

Por fin, en junio, llegan a Jerusalén. Con la que estaba cayendo querían entrar a una terraza a tomarse un refrigerio. No sólo les dijeron que no había ni ensaladilla ni cerveza, sino no les dejaron ni pasar. Los cristianos, con la barriga bien vacía, tomaron Jerusalén en un mes de forma bastante tranquila. Como vieron que no había ni una puta bolsa de cortezas del Mercadona sepultaron a los moros, partieron en lonchas a los judíos y practicaron el tiro al plato con cabezas de niños. Nombraron a Godofredo de Boullion Defensor del Santo Sepulcro (que es algo así como rey, pero quedaba más cool).

Y así terminó la primera y gloriosa cruzada. Muchos fueron los que se quedaron, y muchos más los que se fueron... pero no tardarían en volver en socorro de sus hermanos en defensa del comunismo-judeo masónico-morisco.

Segunda Cruzada

Desde la conquista de Jerusalén, todos los reinos cruzados vivían una relativa paz...¿todos? No, un reino latino poblado por irreductibles cruzados lucha ahora y siempre contra el invasor. Y ese reducto era el condado de Edesa. En Edesa estaba la Sábana Santa, que era la toalla con la cual Jesús de Nazaret se había lavado la cara un lunes por la mañana. En vista de la pasta que podían sacar en eBay con la manta, los turcos moteros de Zengi, un hombre más malo que la sarna. Así pues, Edesa cayó a manos del Islam.

Bernardo de Claraval en un cartel. Las letras de abajo rezan: "No me gustan los judíos, y más vale que a ti tampoco".

La reacción en Occidente fue muy mala. Aunque no hay mal que por bien no venga: miles de parados se encontraban de nuevo con empleo, el de cruzado. Bernardo de Claraval, un monje nazi, sería el encargado de predicar la cruzada a lo largo y ancho del Mundo. Se dice que el mismísimo Adolf Hitler se inspiró en Bernar a la hora de escribir el Mein Kampf; imagináos el antisemitismo de Berni.

Además, Bernardo se molestó en mandarles un SMS a dos antiguos amigos suyos: Conrado III, emperador del Reich Alemán y Luis VII, rey de Sarasonia. Los primeros mandaron toda una legión de panzers, mientras que los últimos se decantaron por el envío de guerreros que, rimmel en mano, iban desbrozando el camino hacia los Santos Lugares.

Una vez todos en Jerusalén, se reunieron los dos monarcas europeos junto con otras grandes personalidades de Tierra Santa, entre los cuales destacaban el rey de Jerusalén, Balduino III y los caballeros del Temple. Todos decidieron ir a por Damasco, aun sabiendo que si perdían les cortarían el rábano a cachitos con el excelente acero ahí fabricado.

El 23 de julio las tropas cruzadas estaban ante Damasco. Pero había tensión en ambos bando: los moros pensaban que sus aliados (todos ellos con nombre ilegibles) querían quedarse con la ciudad (y con sus putas del harén), mientras que en el bando cruzado los dos líderes querían la ciudad, y eso no podía ser. Al final todo fue una gigantesca cagada. Hubo algún vano intento de asediar Ascalón con tirachinas dirgido por el pendenciero caballero Genitivo Sajón, pero fracasó rotundamente.

Y así, por primera de tantas veces, el cristianismo era derrotado en las Cruzadas. Mientras tanto, por ahí abajo el lider Saladino acechaba entre las sombras.

Tercera Cruzada

Saladino posando con su gorro de papel higiénico.


Como decíamos, Saladino se convirtio en el mandamás de Egipto y Siria (ni más ni menos). Este se había armado, dejando de lado a los moteros turcos y optando por la inversión en armamento nucelar. Saladino era un poderoso magnate, poseedor de varios pozos de extracción petrolífera, que más tarde fundaría la dinastía Osama. Con gran vista para los negocios, Salah ad-Din (como le llamaban los colegas) firmó acuerdos comerciales con Balduino IV, un rey leproso y asqueroso que se cubría la cara con una ridícula careta (una bolsa del Mercadona para ir por casa) para que nadie viese lo feo que era.

Aquí es cuando aparece en escena Reinaldo de Châtillon. Reinaldo era un cristiano de verdad, con dos cojones; así que se puso a atacar caravanas por doquier, a matar a los beduinos, quedarse con sus mujeres y gastarse el dinero en prespiputas. Saladino consideró esas minucias como "ofensas" (estos moracos se cabrean por todo...¡y porque no le hizo una caricatura!) y querían joder bien a los cruzados.

En 1187 tiene lugar la calurosa Batalla de los Cuernos de Hattin en la cual, a 45 grados a la sombra, los moros de Saladino se enfrentaron contra los cristianos Reinaldo y Guido. A Reinaldo le cortaron la cabeza al terminar la batalla, mientras que Guido fue encerrado en una "cárcel del amor" en Turquía. Tras su arrolladora victoria en Hattin, Saladinito puso rumbo a Jerusalén, la cual conquistó con los ojos cerrados y las manos atadas a la espalda. El cristianismo podía empezar a temblar.

Federico Barbarroja

Federico Barbarroja, foto de archivo cedida por la CNN.

El viejuno soberano del Sacro Imperio Romano Germánico, conocido como Federico Barbarroja (hijo de Federico Barbanegra y padre de Federico Barbazul) participaría en esta Tercera Cruzada para intentar recuperar los Santos Lugares de una vez por todas.

Pidió ayuda a sus amigos piratas de las Antillas para formar un ejército cristiano para invadir Tierra Santa y acabar con los moros de aquestos santos lugares. Gracias a filibusteros y varios pijos de las cortes alemanas, "Fede", como le conocían los amigos, creó un potente ejército para llegar a Jerusalén y decirle a Saladino y a los suyos quien mandaba por esas tierras. Pero al ser un ejército tan grande no pudo ni llevarlo en los galeones que le prestaron sus amigos corsarios, y tuvieron que ir a pie.

Federico salió en defensa de la Cruz hacia Oriente próximo en marzo de 1188. A los pocos días de su partida, el ejército había acabado con las provisiones de bocadillos de mortadela y latas de Coca-Cola de esas de 33 centilitros, lo cual llevó al ejército de Barbarroja a conquistar varias ciudades para no morir de inanición.

Llendo hacia la Tierra Prometida, Barbarroja cayó en una trampa de los soviets-turcos que rondaban esas tierras: al bañarse todo su ejército en el río Saleph, en Anatolia, el Sacro Emperador murió ahogado, al tener el flotador pinchado por los sarracenos malos. Si a eso le sumamos la barriga cervecera de Fede y el peso de la armadura hecha con latas de tomate Hacendado, era normal que se hundiese en el río mientras los demás se lo pasaban en grande dándose un chapuzón bajo un agobiante calor de junio. Tras descubrir que su jefe la había palmado, muchos se acojonaron y salieron para las Germanias para que sus mamás les consolaran; otros se dejaron llevar por la locura y se quedaron como regaderas, como en la Guerra de Vietnam; por último, algunos intentaron llegar a Jerusalén, la cual asaltaron con pinzas de tender la ropa (estos últimos morirían días después de insolación).

Hasta aquí la bonita pero corta historia de la cruzada de Barbarroja. Por suerte o no, el espíritu de la cruzada aún no había muerto, pues lo revivirían el rey inglés Ricardo Corazón de León y su compañero, el monarca franchute Felipe II.

Ricardo de Inglaterra y Felipe de Francia

Para Ricardo, lo más importante después de las cruzadas era su trono.

Ricardo I de Inglaterra era un yonki de esta Tercera Cruzada. Se lo gastó todo para conseguir financiar el mejor ejército, tan bueno y aplastante que hasta el Age of Empires II se hubiese desmayado al verlo. Hasta le cogió dinero a su madre del bolso para comprar un escudo muy chulo con una cruz y tres leones rampantes en el centro para ir del todo arregladito a reconquistar el Santo Sepulcro. Así, dejando a medio país en la ruina y a la otra mitad en la pobreza, sale del puerto de Londres, allá en el verano del 1190, embarcado en su "Queen Mary, con la preocupación de que su hermano pequeño, el malvado Juan sin Tierra, aprovechase su ausencia para conseguir el trono de Inglaterra. Por suerte, Ricardo tenía amigos como el protagonista de una famosa novela caballeresca, conocido como Ivanhoe, y un pobretón del campo acompañado de un cura y unos gañanes de "no te menees": Robert de Locksley, más famoso bajo el apodo de Robin Hood. En cualquier caso, tanto los aliados de Juan sin Tierra y los de Ricardo Corazón Maricón (llamado así por sus tendencias sexuales) se acabarían tirando a toda la corte aprovechando la ausencia del rey.

Ya en Marsella, Richi recoge a su amigo Felipe II (no, si aun encima estos franchutes tendrán menos Felipes que en un pueblo de Ulan Bator). Philippe pronto se sintió incómodo por los "toqueteos insiuantes" de Ricardo en sus caderas y sus pinchacitos en el culo jugando al fútbol poco antes de embarcar, por lo que descidio salir en un barco aparte.

Los franceses hicieron lo de siempre: mirar de lejos.

Ya en septiembre del mismo año Ricardo, con su natural instinto de aventurero a la par de tocapelotas, se mete en un fregao en Sicilia, donde su hermana había sido raptada por el nuevo rey de Sicilia llamado Tancredo y los malotes de sus vasallos (además de no haberle dejado un puto duro de la herencia de su marido, el antiguo rey de la isla). Mientras Felipe acababa de ver los dvd de "Pasión de gavilanes", Ricardo peleaba con Tancredo mientras arrasaba todo lo que pillaba haciendo barbacoas por los campos y tirando las botellas de vidrio al suelo. En marzo de 1191, Tancredo, harto del mal olor que las tropas del rey inglés desprendían, firmó un tratado de paz.

Ya otra vez en abril del 1191, Ricardo ataca a la isla de Chipre, bajo el pretexto de que los chipriotas tenían armas de destrucción masiva. Como la isla estaba tirada de conquistar, Ricardo se divertía encadenando a gente y lanzando por los aires montones de fortalezas donde creían que Isaac, el dictador de la isla, se escondía. Con esta conquista a punto estuvo de tocarle los huevos al Imperio Bizantino, y se los tocó a su compañero de cruzada Felipe Augusto.


Ricardo Pelucón de León matando a la gente que no había ido a misa ese domingo.

Ya en junio de 1191, Ricardo desembarca junto a sus caballeros bretonianos en Acre, una ciudad de las pocas que hay en Israel. Ahí ayudó a la toma de la ciudad, empezada por el ex-presidiario Guido, liberado por Saladino a cambio de no volver a hacer de las suyas. Como las promesas para Guido eran como papel para limpiarse el ojal, se puso a atacar Acre como si nada. Ricardo impulsó el ataque con trabuquetes que lanzaban panzerfaust hacia las murallas y cons sus caballeros bretonianos, más coloridos ellos que el payaso de Micolor.

Felipe que, como todos los gabachos, era poco cristiano y muy envidioso, decidió abandonar la cruzada para irse a llorar a la torre más alta de su castillo en Lautrec degustando vinos exquisitos y componiendo sonetos a damas inventadas por su loca imaginación. Solo y enfermo, Richi se dedicó a la conquista de Acre.

Acre fue tomada y llamada San Juan de Acre (con ese nombre por lo que le gustaba a Ricar montar hogueras en sus posesiones). Adentro tomó unos 3000 prisioneros, a los que tuvo limpiándoles los zapatos a los cruzados mientras negociaba con Saladino. En vista de lo caros que salían los tíos estos, les cortó en rodajas como si fueran fuet y los mandó a "El Bulli" de Ferrán Adriá.

Sin el peso de los prisioneros de Acre, se desplazó al sur. En su travesía sureña se topó con las fuerzas de Saladino en la batalla de Arsuf, el 7 de septiembre de 1191. En esta batalla, los hombres de Ricardo (templarios, hospitalarios, bretonianos y algún normando) vencieron a los sarracenos que les habían robado las motos a los turcos con el fin de putear a los cruzados en su travesía. Las hostigadas tropas cristianas se organizaron de tal forma que los paladines bretonianos se colocaran dentro de cuadrados rezando "padresnuestros" mientras que el perímeto de esos cruadrados eran templarios, hospitalarios y normandos jóvenes con acné disparando M60 con mucha patosidad. Pero los ruegos de los caballeros de Bretonia no eran suficiente para que los jovenzuelos le reventasen la cabeza de un tiro a un moro, así que los hospitalarios se pusieron a reventar cabezas con hachas de doble filo, y los musulmanes huyeron a la desbandada.

Tras mucho tiempo de librar pequeñas escaramuzas, Ricardo pensó que estaría mejor bebiendo té y esclavizando sajones en su vieja Inglaterra que aquí poniendose de mierda hasta el braguero, así que acordó una tregua con Saladino y un pacto por el cual los cristianos podrían ir a apelotonarse en Jerusalén durante tres años. Así, en 1192 acababa la Tercera Cruzada, con no muy buenos resultados. El fracaso de esta cruzada, izo que se predicase la cuarta, de la que hablaremos en el próximo capítulo.

Cuarta Cruzada

El papa Inocencio III quería montar una cruzada. Sabía que tenía las de perder, pero es que el papado es taaan aburrido y taaaaan soporífero. Si algo habían aprendido de Perico Barbarroja era que ir a pie no era la mejor opción, por lo que optaron por ir por mar. En el Vaticano, mucha agua no es que haya, y no veían de donde sacar los barcos para transportar sus tropas. Pero es en estas cuando surgen del abismo los venecianos que, como todo el mundo sabe, eran descendientes de los catalanes, por lo que le gustaba más la pasta (económicamente hablando) que a un tonto un lapicero. Los venencianos ofrecen a los cruzados toda su flota a cambio de muchisisisísimos marcos. Como el Vaticano se lo había gastado todo en ponerle una carcasa de oro a la PlayStation del papa no le quedaba ni un duro, por lo que los venecianos, muy listos ellos, daban sus barcos a cambio de que los cruados les conquistasen Zara, un puerto donde había, como su nombre bien indica, muchas tiendas de esa cadena.

El asedio cruzado de Constantinopla, según el pintor Tintoretto.

En 1202 parten de Venecia para ir a Zara donde, además de comprarse varias cosas en las rebajas, rebanaron a varios húngaros, por lo que el papa excomulgó a todos los cruzados, y a los venecianos les mandó un rayo-de-la-muerte® vía Dios. Pero se produce un cambio de planes inesperado: Alejo IV quería usurpar el trono bizantino, así que les vino lloriqueando a los jefes de la cruzada que "por favor le ayudaran, que si no no se comía un rosco", etc, etc. A cambio, Alejo IV les daría un bocata de fuet y una Coca-Cola a cada cruzado y un Ferrari Testarossa a cada jefe para que se lo pasaran en grande atropeyando viejas en el paseo marítimo de Denia. Los cruzados, con nada que perder y mucho que ganar, se decidieron a ayudar a este muchacho para coger el trono. Pero el malvado y ortodoxo Alejo no les dio ni un puto duro a ninguno de los guerreros cristianos, por lo que estos se cabrearon sobremanera y asaltaron Constantinopla, conquistándola en abril de 1204: ¡Con los cristianos no juega ni Dios! Después del asedio, como es costumbre en estos casos, saquearon todos los bienes de la ciudad y violaron a todas las mujeres entre empalamiento y empalamiento de niños. Para que sus señoras no se enfadasen les trajeron cualquier mierda que pillasen entre lo saqueado, por lo que se cree que los cruzados malos que participaron en esta cruzada inventaron el souvenir.

A partir de esta conquista, los cruzados crearon ahí el Imperio Latino, debido a la milicia a la que pertenecían sus habitantes, la de los Latin Kings. El Imperio Latino empezó a atraer gente, ya que las mujeres de estas tierras que "perreaban" a ritmo de requesón atraían sexualmente a la población de los reinos francos de más abajo.

Interludio: La Cruzada de los niños

Entrenados y listos para matar.

En 1212, un niño alemán empezó a predicar la cruzada junto a una plantación de setas alucinógenas en un pueblo de Baviera. A la gente le daba igual; total, una masacre organizada por adultos no se diferenciaba de una montada por criajos. Muchos chiquillos sufrieron el mismo efecto, diciendo que Jesús le había dicho que fuesen a su tierra natal, Jerusalén, para comprarle un paquete de tabaco. Cruzaron los Alpes, donde muchos murieron aplastados por elefantes cartagineses, hasta llegar al puerto de Marsella en la costa mediterránea del Inframundo. Al llegar allí, se dieron cuenta de que la web de venta de cruceros baratos era menos honesta de lo que pensaban y que los billetes que habían comprado eran para galeras de esclavos, ¡qué pena! Muchos fueron vendidos en costas marroquíes para limpiar suelos, y otros en Thailandia para limpiar sables.

Quinta Cruzada

El sultán Mark Hamill arengando a sus tropas.
El papa Inocencio III quería montar otra cruzada, más que nada para pasar el rato tirando dados en el Risk, además de para ver si reconquistaban de una puta vez los Santos Lugares. Como los franceses estaban muy ocupados matando cátaros, el Sacro Imperio quería poner su granito de arena en esta cruzada. Aunque Fede II, soberano del Imperio, tenía papafobia, Inocente III le permitió jugar en Jerusalén con sus soldaditos.
A este inocente cruzado le dispararon sus compañeros los uruk-hai por hacer trampas jugando al dominó.
Pero el papa murió y su sucesor, Honorio III, no quería que los germanos metiesen el hocico en Tierra Santa e invitó a los reyes "de segunda" Leopoldo VI de Austria y a Andrés II de Hungría, rey este último que no iba a consentir que los cruzados le jodiesen el país. En 1217, el ejército de uruk-hais húngaros desembarcaron en Acre. Aunque el ejército húngaro sembró el caos por todo el país, no hicieron más que asaltar granjas para pasarse por la piedra a unas cuantas gallinas. Un año después de la llegada del ejército de Hungría a estas tierras Jean de Brienne, rey de Acre y famoso cazador de cangrejos, les convenció para conquistar Egipto. Los uruk-hai de Hungría, al no tener muchas luces, aceptaron sin pedir nada a cambio y se fueron a atacar el puerto de Damieta, la cual tomaron a base de fuego griego (el napalm de la época)

Una vez conquistado el puerto por los orcos cristianos, el sultán sirio se acojonó porque creía que se iba a quedar sin sus queridísimas pirámides y sus valorados guiris haciéndose fotos subidos en camellos, por lo que pensó que lo más razonable era entregar la ciudad de Jerusalén para que no le tocasen más los güevos por ahí abajo. ¡Qué bien, Jerusalén por fin cristiana! La cosa estaría bien, si no fuera porque la cosa no les duró así mucho tiempo, ya que todos querían lo conquistado para ellos dejando a los orcos retrasados para los demás. Todos cabreados con todos deciden partir hacia El Cairo, más que nada por simple aburrimiento. Pero con el nuevo sultán Mark Hamill organizó a toda África para que botaran todos a la misma vez sobre el suelo, haciendo que el río Nilo subiese, inundando a las tropas cruzadas.

Al fin, el 1221 se acabó la cruzada, que no había servido para nada, salvo para que el Pontífice jugase un rato a los soldaditos en Oriente Medio. Nada más.

Sexta Cruzada

Aunque partidario de la utilización de las vías diplomáticas, Federico II del Joli-Roman-Empair le regaló a su señora una bonita cabeza otomana.

En 1225, Fede de Hohenstaufen (y luego se ríen de ti cuando te apellidas "Bragueta" o "Amiano") se había casado con el cayo malayo de Yoli, la hija de Jean de Brienne, por lo que se convertía en rey titular de Jerusalén, por lo que su plan consistían en atacar la Ciudad Santa para hacerse con el trono y, como consecuencia, sacar algo de dinero para pagarle una operación en Corporación Termoestática para que le arreglasen un poco la jeta.

Cuando ya estaba a punto de salir en camino de los Santos Lugares, el sacro emperador se enteró de que la Selección Imperial de Fútbol había pasado de octavos en un torneo que se llevaban entre los europeos para matar el rato, así que Federico se quedó a ver el resto del campeonato tan agustico en su sofá, lo cual le dio la oportunidad al nuevo papa Gregorio IX para ponerle una excomunión a su odiado emperador germano. Pero esas cosas a Perico II le tocaban las pelotas hasazmente, y tan pancho se embarca en 1228 para emprender una nueva cruzada contra los moteros otomanos, los cuales se estaban refinando para convertirse en un siglo después en jenízaros.

Federico era una persona con un gran talante, tolerancia y respeto por el mestizaje (vamos, un Zapatero del medievo) por lo que se puso a dialogar con muchos grupos terroristas como los hashshashiín, para convencerles de no atacar más en Cataluña Tierra Santa. Así, acuerdo tras acuerdo, la cristiandad se hizo con las ciudades de Jerusalén, Belén, Nazaret y un bar próximo a Ascalón donde se dice que Jesús hizó allí de aguas mayores, además de firmar una tregua por una década en la cual los cristianos podrían pasearse por ahí sin que nadie les metiese una saeta entre pecho y espalda.

Los moritos decían adiós por un tiempo a los cruzados, pero dirían hola a unos nuevos amigos.

Diez años después de este acuerdo, los otomanos echaron a los cruzados de Jerusalén, lo que hizo que el rey Ricardo de Navarra metiera tropas hispánicas de por medio,que sólo entorpecerían la labor de los caballeros teutones que llevaban ahí media vida con sus armaduras cogiendo polvo.

Y así, tras una combinación de celos, intrigas y pequeñas refriegas, los cristianos dirían adiós una vez más a su sueño de recuperar los Santos Lugares en 1244. Aún así, los moros se verían afectados por el ejército mongol del emperador Gengis Khan que ya había aplastados con sus hordas del caos a China y a Rusia para crear un primer imperio comunista que duraría mil y un años.


Séptima Cruzada

Luis IX maricón machote como él solo.

El 1248, el nuevo reyezuelo-gay francés, Luis IX, se creyó el más santo de todos los de la Tierra y fue corriendo a embarcarse con sus Caballeros del Templo de Salomón (más conocidos como templarios) rumbo a los Santos Lugares. Tras una estancia en un hotel de nueve estrellas de Chipre, deciden atacar Egipto para dirigir desde allí un misil balístico hacia Jerusalén, la cual tomarían sin problemas.

Copiando las estrategias de la Quinta Cruzada (sí, Luis no tenía mucha imaginación) fueron a tomar el puerto de Damieta, conquistándola introduciendo una tortuga de madera gigante como regalo del rey de Francia y atacando mientras dormían.

Cuando todo parecía marchar a las mil maravillas, el mameluco Baybars ataca a los cruzados de Luis dándoles p'al pelo, al igual que a unos templarios al mando de Roberto de Artois, un gabacho loco que confundía a las personas con cucarachas. Cuando fueron a capturar la ciudad de El Mansura, fracasaron (lo de la tortuga no siempre cuela) y de vuelta a Damieta el rey es raptado por unos persas enculadores al servicio del sultán.

Aunque al rey franchute le acabó gustando la compañía de sus raptores, el pueblo francés tuvo que soltar el pastizábal para pagar el rescate de su Luis IX, el Santo. Después de su rescate, Luis se dedicó a hacer alguna chapucilla que otra por allí y por allá, volviendo finalmente a su hogar en 1254 diciéndole a su madre: "¡me han pegaoooo!".

Octava Cruzada

Luis IX, que era un tío que no escarmentaba ni a base de balazos, se empeñó en dirigir un nuevo ataque a las fuerzas del Islam (vamos, los moros). El soberano francés cogió entonces tropas de su reino y compró en un mercadillo algunos Panzer IV que estaban de oferta y los metió a todos en barcos en 1270 para llevarlos a tomar Túnez para dejar bien claro que, o su emir se unía al cristianismo o empezaría la lucha. Pero el emir era muy listo y, antes de que llegaran, soltó un buen puñao de ratas por la costa y muchos caballeros franceses se pusieron malitos de peste durante el desembarco.

Al final, la cruzada resultó ser otro rotundo fracaso más de una larga lista de decepciones para occidente. A los cruzados enfermos los acribillaron a flechas envenenadas desde los búnkers de la costa y Luis, el rey Santo, murió al ver la factura del mueble bar del hotel en el que se hospedaban los dirigentes ricos de la cruzada (cuatro gatos).

Conclusión final

Las conclusiones a las que uno puede llegar al haberte leído todo el tochaco este de arriba son varias:

  • No son suficientes casi doscientos años de guerras para cristianizar Tierra Santa. La próxima vez que se intente con cuatrocientos.
  • Aunque los caballeros europeos molen más que los sarracenos moros son una mierda luchando en el desierto.
  • No es buena idea cruzar miles de kilómetros a pie y toparse con un río (ver Federico Nalgasrojas, en la Tercra Cruzada).
  • Que un cuarto punto siempre queda bien para acabar un artículo.
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